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Terribles Coincidencias

¿Sabías que un SECRETO FAMILIAR puede estar impactando de manera “negativa” tu vida? ¿Me creerías si te cuento que un duelo negado de tu tatarabuela puede estar haciendo que hoy no te puedas vincularte afectivamente a una pareja?

Hoy te quiero hablar sobre lo que comúnmente llamamos El Transgeneracional. Desde la visión sistémica, este concepto se entiende como el estudio de los procesos en los que una generación puede influir en las generaciones siguientes, de qué forma la manera en que ciertos individuos representan e interpretan su mundo, influencia en la vivencia de ese mundo para las generaciones venideras.

Todxs somos parte de un conjunto de normas que nos han venido moldeando desde incluso antes de nacer, y que nos permite sentirnos parte (o no) de una familia. La necesidad de “pertenecer” no es una elección, es un instinto biológico que nos mantiene en la vida, por lo que ser leales al clan se vuelve lo “natural” para todos los seres, el tema aquí es que muchas de esas lealtades ni siquiera corresponden a nuestra realidad, son herencias obsoletas, que pueden estar afectando la vida misma.

Hay lealtades que trascienden la individualidad, y se constituyen parte del inconsciente familiar. Cuando se ha excluido algún miembro de la familia por miedo, vergüenza o dolor, en la siguiente(s) generación podría aparecer otro miembro que tenga la necesidad de hacer visible esa exclusión, y por tanto repite la historia de la persona excluida. Un ejemplo muy a la mano de esto vendría a ser lo que observamos en las películas de Disney “Coco”, “Valiente” o “Encanto, donde, aun ocultándose la historia real de la familia, en la tercera o cuarta generación nace un buscador que hace visible el secreto.

Cuando los miembros del grupo viven algo de manera muy intensa y no lo pueden expresar, la reacción del cerebro es enviarlo al inconsciente. Y siempre va haber algún miembro del grupo que lo hace evidente. Te doy un ejemplo: cuando un niño escucha algo en su hogar que no le cuentan por completo, su instinto de supervivencia se activa, porque necesita pertenecer, pero sus padres maquillan o distorsionan la realidad. Es probable que ese niño se haga ciertas preguntas como ¿será culpa mía? ¿hice algo que no me di cuenta? ¿hicieron mis padres algo de lo que se avergüenzan y no se atreven a contármelo? Como no hay respuesta de todo esto, terminará descartándolo, quizá pensando “seguro son sólo imaginaciones mías”, pero el subconsciente no descarta nada, y necesita hacer un cierre. Si no lo resuelve, pues lo hereda.

Otro ejemplo podría ser: una mujer víctima de incesto cuando era pequeña. De adulta, su hija intuye que mamá algo esconde, porque no hay claridad de su progenitor o no se relaciona con cierta parte de la familia. Cuando esta niña sea madre, puede desarrollar una actitud ansiosa con respecto a la sexualidad sin saber por qué y podría llegar a ser exageradamente protectora con su propia hija.

Lo que una generación deja sin resolver, será la siguiente la que, inocente e inconscientemente, trate de resolverlo; y así queda atrapada en temas o asuntos que no son en realidad su responsabilidad, ya que existe una transmisión transgeneracional de los problemas familiares que -incluso- pueden crear cadenas de destinos difíciles o trágicos.

El caso del conocido actor Bruce Lee es un ejemplo ilustrativo: Lee muere a los 33 años, por lo que se cree fue un aneurisma, se encontraba en la cima de su carrera profesional mientras grababa la película “El juego de la muerte”. En dicha película, su personaje debía recibir un disparo lanzado desde un revólver que se suponía no estaba cargado. Curiosamente, 20 años después, su hijo Brandon Lee, a los 28 años, murió mientras filmaba la película “The Crow”, debido a que alguien del set olvidó sacar la bala del revólver con el que debía recibir un tiro en una escena. No debía estar cargado.

El transgeneracional propone que el ADN no sólo almacena herencias físicas, sino, toda la historia familiar, sus duelos, miedos, herramientas de supervivencia, es por esto que el ser al nacer recibe un legado, y buscará resistir, repetir o reparar dicho legado. Algunas veces, incluso, la persona asume la misma suerte del antepasado. En la familia Kennedy, por ejemplo, Joseph, el hijo mayor del matrimonio de Joseph y Rose, murió en un accidente aéreo en 1944, cuando tenía 29 años. Su sobrino John Kennedy Jr., hijo del presidente John F. Kennedy, pereció en otro accidente similar en julio de 1999, a los 38 años. Cuanto más conflicto haya habido en el pasado y el presente de una familia, más severas suelen ser las dificultades sociales y personales de sus miembros, en ocasiones, hay una sincronía de estos eventos, lo que se conoce como síndrome aniversario, pues las tragedias se repiten en determinadas fechas.

Es por esto que los asuntos no resueltos de los sistemas familiares en generaciones pueden afectar la vida de las familias manifestándose en alguno o varios miembros del sistema, enfermedades inexplicables, depresiones, suicidios, relaciones conflictivas, trastornos físicos y psíquicos, dificultad para encontrar pareja, para prosperar, comportamientos conflictivos, etcétera.

Cuando un miembro de la familia sacrifica sus intereses y posibilidades personales por otro o por el bien de la familia, se siente con derecho a ser retribuido por ese sacrificio y esperará que se le reconozca. Si esa deuda no es pagada por la generación que ha sido favorecida por éste sacrificio, a menudo se requiere que la siguiente generación liquide la deuda de algún modo o si no la siguiente.

Si alguien da mucho y no recibe tanto, se genera una deuda.
Si alguien gana dinero o afecto a costa de otros, les debe.
Si alguien pierde algo, amor, dinero, posición o estatus, para que otros ganen, le deben.

El sistema familiar tenderá a restaurar la justicia dentro del mismo.

Otra forma de heredar lealtades del transgeneracional es por medio de la asignación de nuestro nombre. Los nombres que recibimos son como mandatos que limitan nuestra libertad e influyen en nuestra vida. Nos ponen un nombre “en honor a” “en recuerdo de” “por admiración de”, y esto es una espacie de imposición de propósito para nuestra vida.

Un nombre repetido es como un contrato al que le hacemos una fotocopia, cuando en el árbol genealógico hay muchas fotocopias, el nombre pierde fuerza y queda devaluado. Además, nuestro nombre tiene un impacto muy fuerte sobre la mente, que nos otorga identidad simbólica y personalidad. Al respecto les recomiendo un cuento de Roberto Fontanarrosa “Destino de Mujer”.

Todos venimos de una familia que tiene su propia historia. Conocer esa historia es importante para conocerte a ti mismo, y comprender algunas actitudes dentro del sistema. Al conocer los hechos del pasado, reconocemos historias que se repiten, valores dignos de respeto, y acciones que no nos gustaría integrar.

Toda nuestra historia es importante, para saber de qué si debemos/podemos hacernos responsables, porque de todo aquello que no lo hagamos, se tendrán que encargar otros, nuestros descendientes, nuestros hijos, sobrinos, nietos, ya que nada escapa al orden del sistema.

Sigmund Freud propuso que cada vez que la persona vuelve consciente lo inconsciente, el hecho conflictivo va perdiendo fuerza, y es en este principio en el que Bert Hellinger se basa para crear las Constelaciones Familiares, como un acompañamiento terapéutico donde las personas puedan configurar los dolores, traumas y experiencias vividas, tanto en primera persona, como por sus antepasados, para así ir liberando lealtades invisibles.

Así que, el mismo amor que enfermó, cuando se vuelve consciente, es el que posee la fuerza y sabiduría de la solución; las lealtades invisibles, se le da lugar a las personas excluidas, las olvidadas, las difamadas, las no honradas, las tratadas con injusticia, las que se fueron para ceder su espacio a otras y las que sufrieron vidas particularmente difíciles.

¿Estás listo/a para el siguiente paso?

Melania Orozco Calvo

BioConstelaCR

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Soltá la necesidad de Control

Todos tus actos tienen consecuencias.

¿Quién se acuerda de esta frase? Nos la enseñan desde muy pequeños/as y la reproducimos con facilidad, dudo que algún/o de nosotros/as ponga en tela de juicio su veracidad.

Dicha mentalidad nos permite organizar nuestro día, completar una receta o cumplir con nuestras metas, además, mantenernos “haciendo” nos genera una emoción de seguridad y eficacia, nos sentimos útiles (que fea palabra), capaces de solucionar y con la sensación de tener las cosas bajo control.

Hemos programado nuestra mente de la siguiente manera: realizar acciones = cambiar condiciones, el tema es que intentamos introducir toda nuestra realidad dentro de ese programa, emociones, relaciones, sucesos externos; y esto nos conduce a mantenernos constantemente en actitud de lucha entre “como es mi realidad” y “como debería ser”, le estamos enviando al cerebro la señal de que algo debe ser resuelto, y por tanto no dejamos de hacer y hacer (o pensar y pensar), la mayoría de veces son aspectos que no podemos controlar.

Por ejemplo, podemos descubrirnos intentando que los demás cambien su manera de ser, guardando dolor por mucho tiempo ante la pérdida de un ser querido, acumulando rencor por alguna enfermedad, reprimiéndonos porque “no debería estar sintiendo ansiedad”, o por tener insomnio, o dolor de espalda, etc; todas son circunstancias sobre las que no tenemos control, pero nuestra programación mental nos impulsa a resolver.

Además de esto, la necesidad de controlar todo lo que está a nuestro alrededor, tiene mucho que ver con un sentimiento oculto de miedo, pues nos asusta la incertidumbre de no saber qué ocurrirá y cómo, el no saberlo nos hace sentir indefensos/as. Una persona muy perfeccionista puede temer que si deja de controlar no obtendrá los resultados que espera y esto la hace mostrar incompetente ante ella misma y ante los demás. 

Estas son seis –no tan asertivas- consecuencias de un estado activo de control:

Rigidez: existe un exceso de reglas, que si no se cumplen me frustro. La rigidez se muestra en las actitudes, pero también en el cuerpo, desde la biodescodificación, está asociada a la artritis.

Poco disfrute: el deber está por encima del placer, reprimo mis deseos.

Afectividad limitada, emociones reprimidas: ejerzo control sobre la expresión de mis emociones, me muestro distante ante los demás.

Prepotencia o supremacía: los demás no pueden hacer las cosas tan bien como yo, por tanto me cuesta delegar y confiar.

Exigencia y Juicio: temor a ser señalado/a, por tanto, temor a cometer errores.

Perfeccionismo: sensación continua de insatisfacción, siempre deseo ser mejor y superar a los otros/as

Entonces, ¿cómo trabajar en la necesidad de control?

Cuestionar tus marcos de referencia.

Nada es malo o bueno, liberate de la necesidad de categorizar, evita comparaciones y condenas. Cuando nos limitamos y encerramos en nuestro punto de vista, nos cerramos a la visión de los demás.

Aceptar las emociones.

Reconoce lo que sientes, dale un lugar y permite que se de en lugar de controlarlo. Ante una tarea, preguntate si la quieres hacer realmente o si la hacemos para quedar bien.

Y para mí, la más hermosa, soltar: pasar del modo “hacer” al modo “estar, experimentar la realidad tal y como esta sucede en cada minuto, sin juzgarla e intentarla cambiar, entrar en la mentalidad de simplemente estar presentes sin acción. Amar la vida tal y como es, con todas y cada una de sus partes, sin querer quedarse sólo con la parte que creemos que podemos controlar.

Es entonces cuando dejamos de vivir desde el miedo y la inseguridad, para pasar a la aceptación y la gratitud, dejando de lado el papel de víctimas y pasando a ser co-creadores/as de la vida. Ojo aquí, el/la surfista no deja que las olas lo revuelquen y se lo/a lleven, tampoco pretende controlar y medirlas, sino que aprende a mantenerse con lo que cada ola trae consigo, para estar en armonía ambas partes.

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¡Quiero ser abundante!

No hay nada que puedas hacer para alcanzar la abundancia. Somos abundantes por naturaleza y en el camino topamos con creencias, condiciones externas, patrones y un sinfín de acontecimientos que se transforman en ese escudo que no nos permite conectar con lo que ya somos.

Me encanta tocar este tema porque cada vez que lo hago me redescubro a mí misma, fortalezco mis creencias potenciadoras y vuelvo a mi esencia, la cual no es diferente a la tuya, somos lo mismo: Unidad. Pero antes de meterme a esa parte tan sublime y algo filosófica, te voy a contar sobre esos primeros factores que nos limitan para reconocer nuestro estado de Abundancia.

El primer contacto con la vida lo tenemos en el vientre de mamá, este es un estado de plenitud donde nada nos falta, estamos protegidos y nutridos, no hay sensación de carencia o consciencia negativa de la existencia. Aún en los primeros años de vida, el niño no experimenta escasez, sean cuales sean las condiciones en las que esté viviendo, su cerebro tiene una función completamente orgánica que lo que busca es sobrevivir, por instinto, sabe que hay algo mayor que cuida de él/ella.

Con el paso del tiempo, aproximadamente de los 4 años en adelante, lo que escuche, lo que mire y experimente, irá construyendo esta nueva sensación de “algo me hace falta”, algunas veces por condiciones limitantes (reales o simbólicas), y otras veces por creencias de sus progenitores o cuidadores, por ejemplo “si querés esa galleta, tenés que ganártela”.

La historia de nuestros bisabuelos, abuelos y hasta la de nuestros padres, está cargada de luchas, guerras, trabajo físico duro, machismo, y en muchos casos de una pobreza romantizada y asociada a valores como la humildad, la bondad y la honradez. Aunque las condiciones hayan cambiado con los años, estas creencias y lealtades permanecen en las generaciones actuales, acarreando consecuencias en nuestra relación con el dinero, el bienestar personal o la idea de ser exitosos. Por supuesto que sus historias son clave en nuestra vida, acá estamos para honrarlas, sin embargo, también para trascenderlas.

Frases como “el dinero es sucio”, “la vida es dura”, “la comida se gana con el sudor de la frente”, “pobre pero honrado”; no hacen más que mantenernos dentro de paradigmas que nos alejan cada vez más de un estado de gratitud y satisfacción, acercándonos a la sensación de que siempre falte algo para poder ser felices, o de que debo luchar y sacrificarme para poder alcanzar algo que quiero.

La abundancia es un estado, y el reconocimiento de ese estado es lo que nos acerca a ella. No hay nada que puedas hacer para tener “más abundancia” o ser “menos abundante”, la Abundancia ES, y siempre está, las preguntas serían ¿qué estoy haciendo para conectar con ella?, ¿Qué creencias me mantienen alejado de la abundancia? No importan las condiciones externas, somos abundantes.

Por supuesto que, con un plato vacío sobre la mesa, es difícil tener espacio para otro pensamiento que no sea escasez; por supuesto que hay contextos estructurales que sostienen estados de inequidad en las poblaciones, haciendo que ni siquiera las necesidades básicas de supervivencia puedan ser satisfechas, mucho menos las de autorrealización. No se trata de negar las condiciones externas, se trata de hacer introspección e identificar cuáles de mis creencias están condicionando mi forma de ver la vida, y cuáles de ellas podría transformar para acercarme al bienestar que deseo hoy.

Somos privilegiados con el sólo hecho de estar sentados en este momento leyendo este blog, y nuestra consciencia de “privilegio” no omite que también seamos conscientes de que muchas otras personas no tienen acceso en equidad a estos recursos, sin embargo eso es sólo una motivación más para conectar con estados altos de frecuencia como la gratitud, y llevar esta consciencia de abundancia y equidad a todos los espacios: políticos, económicos, sociales y espirituales, expandiendo  todas estas posibilidades a la mayor cantidad de personas posible.

“Lo mismo que le fue dicho a la rosa para florecer, fue puesto en tu corazón”

La Abundancia es un estado natural del ser, en plena consciencia y presencia: SOMOS. Y si estás en ese presente hacete la pregunta ¿qué te falta exactamente en este momento? La respuesta es: nada. Justo aquí y ahora, tenés exactamente lo que necesitas para estar y ser. Cada momento se convierte en el instante de vida que queramos que sea, si conectas con el dolor ese será tu instante, y aun siendo así, está aportando algo a tu vida, en cuanto se descubre y -aquí está la clave- lo agradezco, se convierte en presente, en un regalo para mi existencia, y esta sencilla pero poderosa acción es capaz, incluso de cambiar un estado de enfermedad, ¡ojo!, no estoy hablando sólo de fe, está comprobado que la gratitud genera estados hormonales de bienestar que influyen directamente en el organismo y todas nuestras células.

Si esto se convierte en nuestra práctica cotidiana, si adoptamos el hábito de agradecer por cada segundo, por todo lo que llega, por lo que se va, por lo que me enoja o me da felicidad, entonces estoy convirtiendo mi AHORA en el mejor lugar para habitar, y esto indiscutiblemente me guiará a estados cada vez de mayor bienestar, que por supuesto, incluye aspectos tan sublimes como la espiritualidad y la conexión con la Esencia, o tan densos y físicos como la prosperidad y el dinero que llega en armonía.

¿Qué estás esperando para conectar con la Abundancia de tu ser y experimentar toda la plenitud que deseas?

Acá una sinopsis:

Somos abundantes por naturaleza.

Identifica qué patrones y creencias impartidos en tu niñez y las historias de tus progenitores podrían estar limitando tu bienestar. Acá entran también los paradigmas sociales como la ciencia, la economía, la política y la religión.

Mantente en el presente, aquí y ahora.

Se agradecido, agradece por todo.

Estás listo para manifestar toda esa Abundancia que llevas dentro, déjala expresarse.

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La Oveja Negra de la Familia

Vivimos en una sociedad donde la etiqueta de lo que es “bueno” y lo que es “malo” define nuestro comportamiento. Esa categorización está basada en argumentos subjetivos que tienen que ver con la cultura, los valores, la fe, etc; es decir, son conceptos distintos para todas las poblaciones. Basados/as en esas creencias, señalamos a las personas que no se ajustan a las reglas o normativas sociales, y eso también ocurre dentro de núcleo familiar, señalamos a esa persona que no cumple con la imagen idealizada de lo que esperan de ella, y esta se convierte en la llamada “Oveja Negra”. Muchas veces cargar con esa etiqueta, socialmente significa desprestigio, deshonra, desobediencia.

Pero si cambiamos de mirada, sin posicionarnos, nos permitimos acceder a otro tipo de información, comprendiendo que todos/as somos parte dentro del sistema y cumplimos un rol, y que todas las conductas tienen una razón de ser. Para llegar a este tipo de mirada, debemos eliminar el juicio y mirar a estas Ovejas Negras como esa expresión de todo aquello que en la familia está desesperadamente buscando un cambio.

Estas personas se atreven a desafiar los estatutos, a elegir lo que quieren para su vida, descartando las reglas impuestas porque ya no se ajustan a su realidad. Se sienten satisfechas por tener su propia voz, sus valores y tomar decisiones, pero también cargan con múltiples pensamientos, opiniones y juicios sociales que son pesados de sobre llevar.

¿Sentís que sos Oveja Negra?

· Te sientes diferente a los demás miembros, y/o los demás miembros de la familia te sienten diferente.

· Expones lo que piensas sin miedo de la respuesta que te puedan dar, y sin intensión de cambiar a nadie.

·  Estás seguro/a de tus valores, indiferentemente de los que las demás personas tengan, o consideren que son los adecuados.

·   Estableces límites claros y pides respeto.

·   No te adaptas a las normas o tradiciones.

·  Buscas revolucionar creencias y quieres acabar con las historias repetitivas de tu árbol familiar.

Si respondiste positivamente a dos o más de los anteriores ítems, posiblemente seas considerado/a como tal, y frente a esta condición quisiera compartirte que “no hay verdad universal”, todos/as nos construimos a nosotros mismos/as y cada proceso en dicha construcción es individual y único.

Quizá uno de los puntos más importantes de sentirte la persona que no encaja en tu familia, es saber que eres la pieza que puede generar un cambio en patrones familiares que vienen repitiéndose generación tras generación. Aunque esto no debe verse como una carga sobre tus hombros, simplemente debes mantente coherente con lo que sientes, piensas y actúas. El sistema siempre va a buscar equilibrarse, y respetar tu “diferencia”, es la mejor forma de colaborarle. Acepta lo que eres y acepta también a quienes te rodean, pero continúa tu camino, no siempre seguir al rebaño otorga la felicidad.

Desde las Constelaciones Familiares, la oveja negra es esa alma que viene a proyectar aquello que en la familia manifiesta la necesidad de sanar, muchas de las veces están ligado a traumas, dolores y/o miedos en nuestro árbol genealógico, por ejemplo, buscan compensar: miembros excluidos, secretos de familia, falta de la figura paterna-materna, infidelidades, violencia intrafamiliar, patrones marcados de escasez, dependencias afectivas etc.

Al respecto, Bert Hellinger apunta:

Las llamadas “Ovejas Negras” de la familia son en realidad, buscadores natos de caminos de liberación para el árbol genealógico de la familia. Las “ovejas negras” son aquellos miembros del árbol genealógico que NO se adaptan a las normas o tradiciones del Sistema Familiar, Las “ovejas negras” son aquellas que desde pequeñas buscan constantemente revolucionar las creencias infundadas, yendo en contravía de los caminos marcados por las tradiciones familiares, son aquellas criticadas, juzgadas e incluso rechazadas, esas que por lo general, son las llamadas a liberar el árbol de historias repetitivas que frustran a generaciones enteras.

Las “Ovejas Negras”, son aquellas que no se adaptan, son las que gritan rebeldía, son aquellas que reparan, desintoxican y crean una nueva y florecida rama Aquellas que toman todos los incontables deseos reprimidos, los sueños no realizados y talentos frustrados de nuestros ancestros, los toman en sus manos y hacen lo necesario por realizarlos. Entonces, el árbol genealógico, por inercia, querrá seguir manteniendo el curso castrador y tóxico de su tronco, lo cual hace de su tarea una labor difícil y conflictiva (más no por eso imposible de revertir)


Si definitivamente te identificas con este personaje llamado Oveja Negra, no permitas que nadie, absolutamente nadie, te haga dudar. “Cuida de tu “rareza” como la flor más preciada de tu árbol y recuerda, TÚ eres el sueño realizado de todos tus ancestros”.

Melania Orozco Calvo

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Mi relación con la Comida: Mamá

Posiblemente al vernos al espejo podamos identificar semejanzas con el cuerpo físico de nuestra madre, pero hay otro tipo de herencia que es menos visible y también parte de nuestra cotidianidad: la forma en que nos relacionamos con la comida.

El primer vínculo que los seres humanos desarrollamos con mamá es el de la alimentación al tomar pecho, la forma en que ese vínculo se desarrolle y en las circunstancias que se dé, será fundamental en nuestra manera de relacionarnos con las emociones y en el acto de incorporar alimentos a nuestro cuerpo.

Según Laura Gutman, terapeuta argentina especializada en maternidad, “el vínculo que los niños tienen con el alimento es análogo al vínculo que tienen con sus madres“. Así como han sido alimentados, se nutrirán de más grandes.

Conforme vamos creciendo, seguiremos utilizando el alimento para vincularnos con los demás, y eso determinará si nos volvemos voraces (hambre emocional), si nos cuesta comer cosas nuevas (falta de confianza), o si todo lo que comemos nos cae mal o genera inflamación (malestar emocional).

El verbo comer trasciende la necesidad de alimentar el cuerpo. Frente a la comida hemos presenciado las más bonitas reuniones familiares o el dolor de ver un plato vacío, quizá las discusiones de nuestros padres al llegar la cena, o bien los encuentros sociales en celebración de las fiestas. Comer nos vincula, y por ello, nuestras emociones influyen en gran medida en la forma que nos alimentamos.

Algunos ejemplos:

  • Una bebé que pasaba varias horas sin recibir pecho, posiblemente se convierta en un adulto que se quiera comer todo, o que en cuanto tiene su plato en frente intente comerlo lo más pronto posible.
  • Una niña que era obligada a comer, posiblemente sea una adulta con malestares gástricos.
  • Un niño que es reprendido por probar o pedir, posiblemente genere sentimientos de culpa aún siendo adulto.
  • E indudablemente, una niña que escuche a su madre hacer críticas sobre su propio cuerpo o el de su hija, indudablemente crecerá en inseguridad y reproducirá el ciclo con sus hijos.

¡Sorprendente verdad! La vida entra por la boca. La boca busca el pecho materno, la mirada del bebé busca la de la madre, allí espera encontrar seguridad y amparo, es ese momento cuando la comida y amor se mezclan, y nos dan vida.

Sobre este último punto, me gustaría recalcar que la figura materna determina en buena medida cómo interactúan las hijas con la alimentación y su propio físico. En el estudio llamado “Comportamientos y Preocupaciones de Adolescentes y sus Madres sobre el Peso y su Control”, realizado por la Harvard Medical School de Boston (EE UU), se revela que la madre es la influencia más importante en la vida de una mujer, ella es el primer intercambio que tenemos en el mundo.

Una madre ansiosa frente a sus propios hábitos alimentarios (activos o no durante el período del embarazo y los primeros años de crianza) e insatisfecha con su corporalidad, influye directamente en la alimentación de sus hijos, lo cual puede contribuir en un trastorno del comportamiento alimentario en la adolescencia y marcar la tendencia en la edad adulta. Es común escuchar adolescentes decir “al menos, puedo ser dueña de lo que entra y de lo que sale por mi boca” intentando marcar su autonomía e independencia frente a madres intrusivas o controladoras.

En Constelaciones Familiares a esto le llamamos patrones. Frente a los patrones en los que fuimos concebidos y criados los seres humanos desarrollamos formas de repetir o reparar dichas enseñanzas, repetimos cuando los incorporamos en nuestra vida y reproducimos; y reparamos cuando realizamos actividades contrarias en son de rebeldía o de equilibrio. En este sentido, en relación con la comida son muchísimos los patrones adquiridos, ya que comer es un hecho sociocultural, familiar, de pertenencia, donde se incorporan formas y costumbres que llevaremos de por vida. Por eso, lo que prevalece en esta forma de alimentación es el vínculo con los otros.

Entonces ¿qué hacemos?

El primer paso siempre es reconocer. Consulta sobre tu concepción, nacimiento y primeros años, habla con tu madre de cómo se sentía y qué hábitos tenía. Aprovecha para consultar cómo fue tu alimentación, qué te gustaba y qué no. Abraza tu historia, hónrala y ámala, pero suéltala, ya fue, ahora eres adulto/a y puedes crear tus propios hábitos, aquellos que te hagan bien física, mental y emocionalmente, entre ellos los que tengan que ver con la comida.

Crea un vínculo con los alimentos, no en términos de adelgazar o engordar, sino en términos de sanidad: ¿qué me hace bien? ¿con qué alimentos me siento ligera y cuáles me hacen sentir pesada o decaída? Envíate mensajes de salud y no de belleza, y la comida empezará a darte lo que pides.

Además, planifica tu comida, tus horarios y productos de consumo, no le dejes todo al azar o al mercado. Aliméntate en lugares con calma, sin ruidos que alteren. Evita el uso del celular, la televisión y demás aparatos (recuerda que el niño amamantado busca la mirada de su madre ¿qué buscas en esos aparatos?)

Si tienes hijos o niños al cuidado, respeta sus cuerpos, no hagas comentarios al respecto, no pretendas que sean igual ni diferentes a ti, sólo déjalos ser y muéstrate como guía. Deja que los niños/as coman solos en cuanto puedan, se embarren, devuelvan e investiguen por sí mismos, esto otorga confianza, autonomía y seguridad. Si obligamos a un niño a comer, nos imponemos o enojamos es probable que el niño asocie el comer con algo negativo, una obligación que rechazará. Y de ahí surgirá la frase “el niño no me come”.

La comida juega un rol fundamental en nuestra nutrición física, pero también en el llenado del alma. Si nuestras necesidades básicas de bebés no fueron satisfechas, se desplazan a algún lugar sombrío de nuestra conciencia, pero no desaparecen, están esperando a ser llenadas, rescatadas, para poder “incorporar a mamá” en cada bocado.

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Lealtades Familiares

Cada familia tiene reglas de convivencia, estas pueden ser dichas o no, pero tod@s somos parte de ese encrucijado de normas que nos han venido moldeando desde incluso antes de nacer, y que nos permite sentirnos parte (o no) de una familia.

La necesidad de “pertenecer” no es una elección, es un instinto biológico casi que de cualquier especie. En tiempos antiguos, pertenecer a una tribu podía hasta salvarnos la vida, quien no se encontraba en manada era más propenso a ser atacado, a no obtener todos los alimentos o simplemente a morir de frío. Han pasado muchísimos años desde que vivíamos en esas condiciones, pero esa necesidad de “pertenecer” sigue estando presente en nuestros genes, y se muestra más o menos de la misma manera que en aquel entonces.

Cuando venimos al mundo no podemos valernos por nosotros mismos, y pertenecer a un sistema nos permite sobrevivir, somos dependientes, e inconscientemente cumplimos ciertas normas para que la manada nos cuide y nos haga parte. ¿Sabías que la reacción instintiva de sonreír que tienen los bebes con apenas semanas de nacidos es una técnica de supervivencia? Un bebé no es consciente de “la felicidad” o del gesto de “sonreír”, pero el acto de hacerlo genera empatía con la madre y va moldeando el vínculo de cercanía entre ambos. Es una simbiosis perfecta entre la necesidad de proteger y de ser protegido.

Conforme vamos creciendo, vamos adoptando estas normas de convivencia para seguir siendo parte, algunas explicitas y dichas como “en esta casa se almuerza a las 12md”, y otras no tan expuestas como “el sexo y la sexualidad no son temas que conversemos”. Muchas están ligadas a valores, a religión o la propia historia familiar, por ejemplo todo lo relacionado al patriarcado, el machismo y las normas sociales. Todos conocemos esos temas de los que en casa no se puede hablar, o bien, cuales actos nos alejarían del buen ver de nuestra familia. Pero, muchas de esas normas ni siquiera corresponden a nuestra realidad, son herencias obsoletas.

Conceptualicemos entonces: Las lealtades familiares (o invisibles) son esos patrones de conducta que nos permiten pertenecer a la tribu, son repetitivos, vienen sucediendo desde generaciones atrás, y probablemente muchos de ellos nos están obligando a pagar deudas ajenas a costa de nuestra propia vida o salud o beneficio.

En Constelaciones Familiares, a las personas que cumplen con dichas reglas se les conoce como “la buena conciencia” y a quienes las rompen, cuestionan o cambian “la mala conciencia”, pero esto no tiene que ver con el concepto moral y popular de “malo y bueno”, sino que está ligado a esa conciencia leal al clan. Por poner un ejemplo: en una familia donde siempre se ha vivido en deudas y escases económica, el miembro de la familia que tenga solvencia y no deba dinero será “la mala conciencia” porque no sigue con el patrón. Esto calzaría con esas personas que deciden cambiar de religión, que optan por otra preferencia sexual, que no desea tener hijos, etc. Para terminar de aclararlo: la mala conciencia genera “culpa” y me aleja del vínculo, la buena conciencia genera “inocencia” me acerca al vínculo.

Usualmente vivimos en modo piloto automático, y no percibimos esto de manera simple, aún más, repetimos estas lealtades, ya no sólo de manera instintiva por pertenencia al clan, sino también como forma de honrar a nuestros padres y ancestros: “yo no puedo tener éxito, porque mis papás fueron muy pobres por más que se esforzaron”, claro está que esto es inconsciente, y de la misma forma generamos las condiciones a nuestro alrededor que favorezcan esta forma de pensamiento. Otro ejemplo podría ser “debo desarrollar diabetes porque mi mamá y mi abuela lo padecieron” es una forma de honrarles.

Hay lealtades que trascienden la individualidad, y se constituyen parte del inconsciente familiar. Cuando se ha excluido algún miembro de la familia por miedo, vergüenza o dolor, en la siguiente(s) generación podría aparecer otro miembro que tenga la necesidad de hacer visible esa exclusión, y por tanto repite la historia de la persona excluida. Un ejemplo muy a la mano de esto, vendría a ser lo que observamos en la película de Disney “Coco”, donde, aun ocultándose la historia real de la familia, en la tercera o cuarta generación nace un buscador que hace visible el amor por la música.

Bien, lo importante aquí es saber que los asuntos no resueltos de los sistemas familiares en generaciones anteriores y las injusticias cometidas dentro y fuera del sistema familiar pueden afectar la vida de las familias, manifestándose en alguno o varios miembros del sistema, enfermedades inexplicables, depresiones, suicidios, relaciones conflictivas, trastornos físicos y psíquicos, dificultad para encontrar pareja, para prosperar, comportamientos conflictivos, etcétera.

Las lealtades invisibles son una especie de hilos, que, en el plano del alma, nos encuentran con nuestros ancestros y que nos llevan a cargar con experiencias que no nos corresponden, a padecer dolores que no son nuestros, o a repetir historias que quizás no hablan de lo propio, aunque así lo vivamos

Probablemente si estás leyendo esto y llegaste hasta aquí, sos parte de esos buscadores etiquetados como Oveja Negra. Vos y todos esos miembros que representan la mala conciencia del grupo familiar, son quienes vienen a romper con esas lealtades invisibles, y en la mayoría de los casos, son fuentes de sanación, resultan ser buscadores natos de caminos de liberación para el árbol genealógico.

Regularmente son personas que no se adaptan a las normas o tradiciones, buscan revolucionar las creencias y son los llamados a liberar el árbol de historias repetitivas que frustran a generaciones enteras, ya que los incontables deseos reprimidos, sueños no realizados y talentos frustrados de sus ancestros se manifiestan en el quehacer de estas ovejas negras buscando realizarse.

Todo es perfecto, los miembros que vienen dar un cambio en los patrones dañinos del sistema poseen toda esa información genética y emocional para evidenciar, expresar, manifestar todos los dramas no resueltos. Paradógicamente quizás sean los miembros más fuertes, psicológica, emocional y espiritualmente para hacerse cargo de ello. La naturaleza no se equivoca.

Ser la oveja negra es un acto de amor al clan. Quizá uno de los puntos más importantes de sentirte la persona que no encaja en tu familia, es saber que eres la pieza que puede generar un cambio en patrones familiares que vienen repitiéndose generación tras generación, que nadie te haga dudar, cuida tu ‘rareza’ como la flor más preciada de tu árbol. “Eres el sueño realizado de todos tus ancestros”.

¡Nos estaremos leyendo!

Con amor,

MBA. Melania Orozco Calvo

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Digo adiós y me doy la bienvenida

Digo adiós, y me doy la bienvenida.

De la dependencia emocional, al amor propio.

Como duele despedirse de aquello que en algún momento te generó alegría, compañía, risas. Qué duro es decir adiós a lo que proyectaste, a lo que estabas construyendo y a todo lo que creías que eras junto con esa persona. Si, voy a hablar sobre el proceso de romper con tu pareja: dejarse, cortar, separarse, divorciarse: te comparto mi experiencia y la visión a este acontecimiento desde la mirada sistémica.

Hay despedidas obligatorias, como la muerte de un ser querido o la pérdida de alguna parte del cuerpo, estas circunstancias no tienen reversa, así que sin siquiera saber de dónde proviene nuestra fortaleza les hacemos frente y desarrollamos herramientas que nos permiten pasar por todas las etapas que el duelo requiere. Sin embargo, cuando la despedida es una elección o una resignación, como cuando la relación de pareja está pidiendo un cierre, se nos hace la cabeza un nudo donde no logramos acomodar lo que pensamos, lo que sentimos y lo que debemos hacer.

La mayoría de las veces, el peso del duelo no recae en la situación que se presenta, sino en nuestras heridas acumuladas, las cuales hemos protegido detrás de muchas capas desde nuestra niñez, pero salen a luz cuando enfrentamos procesos de pérdidas que nos exponen al rechazo, el abandono, la traición, la humillación o la injusticia. A las personas que elegimos como parejas les otorgamos confianza, nos mostramos vulnerables ante ellas y comenzamos a entregar gotitas de nuestra esencia, al lado de eso, vamos también otorgándoles la responsabilidad de diseñarnos, de sanarnos o de cubrir necesidades personales que no fueron suplidas. El tema es que estas personas están en búsqueda de lo mismo, y entramos en un ciclo de nunca acabar: creamos dependencia emocional, asumimos roles que no nos corresponden y navegamos alrededor del dolor, el celo, el control y el victimismo. Nos vamos perdiendo poco a poco, aquello por lo cual nos enamoramos, ahora nos molesta, aquello que antes tolerábamos se torna insoportable, aquella expectativa de cambio se viene abajo, y cuando todo esto sucede la relación se vuelve insostenible.

Cuando éramos niñxs, dependíamos totalmente de las decisiones y acciones de los demás, y estábamos totalmente vulnerables a las heridas emocionales, pero cuando somos adultos independientes, nadie nos daña, nos dañan las expectativas sobre lo que el/la otra debía ser-hacer, es decir, lo que yo esperaba de esa otra persona, por eso, en una relación de pareja siempre somos co-responsables de la situación que se presente. Cuando la relación está rota, seguir sintiéndonos víctimas no permite que podamos evolucionar y sanar, mantener sentimientos de deuda se convierte en una cadena que no permite liberar el pasado ni ocuparnos del presente.

Somos expertas en trabajar al otrx, en ver al otrx, pero apenas unas principiantes en vernos a nosotrxs mismxs. Una ruptura se vuelve una gran oportunidad para hacer un alto y mirarnos, ordenar nuestra historia, devolver roles asumidos, y elegir cómo queremos que se vea nuestra vida, para ello debemos ordenar, porque “el orden precede al amor” (Hellinger, 1994).

Cuando compramos un nuevo celular, lo sacamos de la caja y encendemos, es igual que cualquier otro aparato que tienen miles de personas, no es hasta que configuramos el fondo que nos gusta, los sonidos que deseamos, las aplicaciones que necesitamos, que este simple dispositivo comienza a tener pertenencia, ahora es mi celular, habla de mí, suple algunas de mis necesidades y le cuido para que pueda cumplir esa misión.

En nuestra vida sucede igual. Cuando llegamos al mundo venimos “vacíos” sin etiquetas, creencias o valores propios, conforme vamos creciendo, se nos van instalando los software que las personas que están a nuestro alrededor consideran son los mejores para nosotrxs. La figura principal en relación a temas de merecimiento, vínculos afectivos y formas de amar es Mamá. Si estuvo o no, si me sentí amadx por ella, si la sentía interesada en mis emociones; son aspectos que determinan fuertemente la manera en que, como adulto, me acerco a las relaciones.

Es probable que en el camino hacia esa adultez existan ciertos daños, necesidades propias que no fueron atendidas, problemas añejos que nos fueron heredados, vacíos de información que nunca fueron llenados, y sin darnos cuenta, salimos al mundo con la expectativa de que alguien más atienda estas necesidades.

Si crecí en un ambiente donde no sentía que pertenecía, que formaba parte, es probable que me acerque a mis parejas desde la necesidad de hacer y complacer, para que la otra persona me acepte.

Si crecí en un ambiente donde vivía a diario la traición, mentiras o infidelidades, es probable que me acerque a personas a las que pueda controlar, aunque eso no disminuya la sensación latente de inseguridad.

Si crecí en un ambiente donde interpreté que la vida era injusta para mí, o que me tuve que hacer cargo de muchas cosas que no me correspondía, probablemente me relacione con personas mucho menores, o con carencias significativas que yo pueda cubrir, paternizando o maternizando un poco el amor.

¿Qué hacer entonces?

La salida siempre es hacia adentro, es aquí donde aparece el tan mencionado “amor propio”, y para desarrollarlo el primer paso es reconocerme: mirar mi historia, mis propias heridas y aceptarme así tal cual, poder decir ¡ahora me veo!, me conozco, conozco lo que me duele y lo que me hace bien. El amor propio llega a ser el resultado de ese proceso de reconocimiento, el acompañamiento que me doy mientras camino. Todo lo que florezca allí dentro sin duda alguna será reflejado afuera, en nuestro cuerpo, en nuestro entorno y en nuestras relaciones.

¿Cuál es tu herida personal que proyectas en los vínculos amorosos? Es teniendo consciencia sobre ella y haciéndonos cargo nosotrxs mismxs  que podemos empezar a relacionarnos desde el amor y no desde el dolor.

Manos a la obra:

  • Identifico la herida de mi infancia, qué fue eso que más me dolió: abandono, rechazo, traición, humillación, injusticia.
  • Dejo atrás el victimismo: las condiciones en que ha sucedido nuestra historia han sido perfectas para nuestra evolución, además, no podemos ir atrás a cambiarlas, sólo podemos mirarlas diferente.
  • Dejo de hacer reclamos por lo que fue o no fue, y como adulto me empiezo a entregar aquello que creo me hace falta ¿abrazo? ¿atención? ¿escucha?
  • No responsabilizo a nadie de mi sanación, me hago cargo.
  • Me comprometo conmigo mismx: me escucho, defino prioridades, soy amable y compasivx con mi persona.

Tomamos de nuestras relaciones en la medida que creamos que merecemos de ellas. Si vos crees que vales poco, vas a atraer personas que te valoren poco, y vas a aceptar de esa relación actitudes de poca valoración, además, dejarás de tomar lo que te corresponde porque no te sientes merecedora.

Para que afuera me valoren y reconozcan, debo valorarme y reconocerme, no podemos esperar que los demás vean en nosotrxs algo que nosotrxs mismxs no vemos, entonces, si no vemos nuestro propio valor seguiremos eligiendo personas que tampoco lo ven.

La llave está en reconocer lo que hemos logrado para ser y estar hoy aquí, lo valientes que hemos sido, los miedos que hemos superado, las caídas de las que nos hemos levantado, y empezar a disfrutar todo eso que somos.

Ocupa en tu vida el primer lugar, conócete tanto que puedas sentirte profundamente enamoradx de vos mismx, deja de cargar con culpas y juicios sobre lo que fue o pudo haber sido, y dale paso al amor sano, vinculante y edificante.

Si estás listx para soltar, te dejo un hermoso ejercicio de liberación de vínculos anteriores en mi canal de Youtube:

Melania Orozco Calvo

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La herida transgeneracional

Nuestra historia no comenzó cuando nacimos, ni siquiera en nuestra concepción. Todo aquello que atañe a nuestros padres y a los padres de nuestros padres (los valores, las condiciones sociales, las creencias, los duelos no resueltos, los traumas y dolores) también se hereda.

    Somos el resultado de muchos años atrás, herederos de las historias e información emocional de la familia a la que pertenecemos, a esto es a lo que llamamos “Transgeneracional”: todas aquellas experiencias que el inconsciente biológico guarda y que el clan familiar transmite de generación en generación para que un conflicto se pueda resolver. 

    Esta función de la memoria generacional, es un recurso biológico de defensa que nos ha permitido sobrevivir y evolucionar desde los orígenes de nuestra existencia. Todas las especies de seres vivos acumulan la información de su entorno, circunstancias y peligros vividos con el fin de que la inteligencia celular las aplique en la evolución de la misma especie.

    Muchos de nuestros comportamientos, valores y creencias quizás no nos pertenecen, o son el resultado de una acción/reacción aprendida que tal vez ya no aplique para nuestras circunstancias actuales. A continuación enuncio algunas pistas con las que podríamos empezar a darnos cuenta de ello: 

– Generas cambios en una conducta pero vuelves muy pronto a repetirla.

– Eliges los mismos tipos de parejas, o de relaciones.

– Te sientes continuamente sobrecargado/a, o más bien insatisfecho/a.

– Se te repiten las mismas traiciones en un amigo y el otro.

– Se presentan los mismos los conflictos laborales.

– Mantienes el mismo tipo o clasificación de enfermedades.

– Experimentas el mismo tipo de “fracaso”, de experiencia penosa o de errores.

    Cualquiera de estas situaciones puede llevarnos a una sensación de vacío y tristeza, ubicándonos siempre en la eterna pregunta de “¿porqué me pasa esto?” y una posible respuesta podría estar ligada a la HERIDA TRANSGENERACIONAL, cuestionándote si estarás viviendo exactamente la vida que te pertenece, o más bien, la que (en las condiciones que fuesen amor o imposición) te ha heredado tu clan familiar.

Ahora mostrare tres ejemplos, para que se pueda visualizar de una manera más clara lo anterior:

        Ejemplo1: una mujer acude a consulta porque no lograr cerrar ciclos, su padre falleció hace 25 años y ella aún mantiene el duelo abierto, su madre tiene un año de haber fallecido y esto le re-abre las heridas a pesar de sentirse satisfecha con su presencia, cuidado y amor en la vida de ambos. Encontramos en su historia familiar que la madre enfrentó la muerte de una de sus hermanas cuando eran niñas, la hermana al parecer murió accidentalmente mientras brincaban en la cama, situación que nunca fue aclarada ni enfrentada con la otra niña, simplemente dejó de existir esa otra persona en su vida. Este dolor la madre lo lleva consigo, impidiéndole cerrar ciclos o concluir duelos, y se lo traslada también a su hija (inconscientemente por supuesto), quien no tenía necesidad de cargarlo.

        Ejemplo 2: Una familia en la que varios hijos se inclinan por ejercer la profesión de derecho o abogacía (defender, auxiliar, resolver, impartir justicia) sin estar muy claros si esa es o no su vocación. Buscando en su árbol genealógico se encuentra que, hace tres generaciones atrás, los tatarabuelos perdieron sus tierras debido a una injusticia arbitraria con los vecinos del pueblo de al lado. El dolor de esta pérdida, la necesidad de ser fuertes y empezar de cero, el miedo a ser indefensos, se transmite a las siguientes generaciones, hasta que la energía logra cierto equilibrio compensando y “creando” la necesidad de que exista “quien nos defienda” dentro de la familia.

        Ejemplo 3: Una joven de 32 años acude a consulta por un problema de frigidez, el dolor y rechazo que le produce tener sexo con su pareja está a punto de acabar con su relación.  Al explorar su árbol genealógico se encuentra que su abuela fue abusada por el padre cuando tenía 5 años. Este trauma ocultado, tal vez por miedo o vergüenza, es transmitido a través de la unidad dual madre-hija hasta la tercera generación, provocando que la nieta sea portadora de un programa de “protegerse”. Esta transmisión inconsciente la somatiza su cuerpo recibiendo dolencias físicas como candidiasis, dolor menstrual, sacro bloqueado, además de trastornos emocionales como el rechazo a su feminidad y el desprecio hacia los hombres. El 90% del conflicto que experimentaba pertenecía a una transmisión transgeneracional.

    Como vemos, el peso que un linaje puede tener sobre nuestras vidas puede estar definiéndolas y atascándolas, generando múltiples condicionantes que usualmente para la persona no son fáciles de hallar. es por eso que el objetivo entonces de una Constelación Familiar es observar, poner en consciencia la historia de la familia, mirarla desde otros ojos y comprender el rol que estamos cumpliendo, de esta forma se podrían resolver situaciones que han sido excluidas de la conciencia familiar. Cuando la persona toma consciencia de ese legado de su clan, encuentra los recursos que le permitan gestionarlo y desembarazarse de tal peso. Haciendo que por fin, las lágrimas bloqueadas puedan ser liberadas y las heridas sean finalmente cicatrizadas.

Te regalo tres frases hermosas para finalizar este tema: 

“Hasta que en las familias no se destapen los secretos, las historias se repetirán una y otra vez”.

“Lo que se calla en la primer generación, se padece en la siguiente”.

    “Liberándome yo, quedan liberadas generaciones anteriores y posteriores. Entonces comienzo a ser yo mismo/a quien dirige mi vida”.

¿Contame qué te pareció este tema?

¡Nos estaremos leyendo!

Con amor,

MBA. Melania Orozco Calvo

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Abortos y pérdidas

Hablar sobre abortos siempre ha sido un tema delicado. Se tiende a invisibilizar tanto el acto/la situación, como las implicaciones alrededor de ellas, y esto lo hacemos muchas veces por dolor, por vergüenza y también por posiciones morales.

Más allá de una postura personal o basada en valores, y con mucho respeto ante la situación sociopolítica existente, hoy vengo a compartir los alcances a los que he podido llegar desde la teoría sistémica y las Constelaciones Familiares, las implicaciones que una pérdida/aborto pueden tener en la madre, en el padre, en el sistema familiar y en las futuras generaciones. 

La semana pasada les contaba que “soy la hija de en medio”, sin embargo, entre mi hermana mayor y yo existen 7 años de diferencia, en ese lapso, mi madre afrontó dos pérdidas de embarazos deseados. Quisiera que por un momento pudiesen imaginar, no sólo el dolor y angustia de la madre, sino las emociones que podían estar presentes en su hija ya nacida a la espera de un/a hermanito/a, quienes ya hayan pasado por este proceso les será un poco más fácil comprender que una pérdida no es sólo alguien/algo que ya no está y que no sólo implica a la madre, sino a todo el sistema familiar. Agreguemos a la historia otro embarazo, el cuarto ahora, es decir, mi gestación. ¿Qué podría estar sintiendo la madre? ¿La hermana? ¿El padre? Es fácil creer que todo es felicidad y celebración, pero no lo es, sobreviven muchos miedos alrededor de una nueva posibilidad de pérdida, cuestionamientos, sentimientos de no-apego por recelo al dolor ¿Cuántos de estos sentimientos pudieron ser absorbidos por el embrión? En Constelaciones Familiares a esto se le llama Proyecto Sentido.

Desde la mirada sistémica, donde se reconoce que todos los miembros pertenecen e influyen en el sistema familiar, una pérdida/aborto tiene implicaciones en todo el conjunto. Por lo que es importante visualizar estos acontecimientos en nuestra cotidianidad. Al igual que lo hacemos frente a la muerte de un ser querido, una pérdida requiere de un duelo que nos permita expresar la emoción de todos los miembros, y, además, tener conciencia el resto de nuestras vidas de que hay más miembros en el sistema familiar (no sólo los vivos), que siempre serán parte y que ocupan un lugar. 

En el caso de los abortos decididos (después de los 3 meses de gestación), es muy importante que ambos progenitores miren la acción como un proceso al que se llegó por las circunstancias de vida que estuviesen enfrentando, o porque así lo sintieron y decidieron en su momento. Darle respaldo y respeto a los sentimientos que en ese momento se generaron para tomar la decisión, y liberarse de cualquier huella de culpa porque esta podría interferir en su éxito personal, abundancia y plenitud, e impactar en sus próximos hijos/as si es que así lo desean.  

Toda decisión implica una renuncia, y en los asuntos de la vida y la muerte, existen implicaciones mayores sobre las relaciones, el bienestar y la salud. Una pérdida/aborto tiene un impacto que se extiende más allá del evento. Desde la mirada sistémica, es importante entonces que se les mire, que se los honre y se agradezca el espacio que dejaron. Sin embargo, con mucha frecuencia son excluidos, no se les hace parte porque duele, o porque se piensa que no fueron tan importantes, sin embargo, nunca dejan de pertenecer, y el inconsciente familiar va a buscar compensar dicha pérdida, hacerla visible. 

En el caso de los abortos espontáneos, el dolor de los hijos perdidos se transmite de generación en generación y a veces un miembro posterior en el sistema, manifiesta este dolor, repite o repara dicha situación. Un ejemplo de ello podría ser seguir originando abortos espontáneos (repetición), o bien, desarrollar infertilidad ya que “dar vida, produce dolor” (reparación). 

Cuando el origen de ese dolor sale a la luz, el duelo puede cerrarse dando a cada uno su lugar. Las constelaciones familiares otorgan un espacio para sanar los dolores que están ocultos. Más allá de una terapia (esta u otra), lo importante es conectar de forma genuina con la vida, asumir lo ocurrido, aceptar la realidad –sin juicio, sin culpa– y sentir con el corazón.

¿Sabés si hubo pérdidas en tu familia… madres, abuelas? ¿Has tenido pérdidas/abortos en tu propia historia? ¿Te gustaría conocer cómo darle un lugar a estos acontecimientos, y de qué forma podrían estar influyendo en tu vida diaria?

Te invito a conocer la mirada sistémica, escríbime.

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La crisis y el cambio

Todos los sistemas tienden al caos y al desequilibrio hasta llegar a un punto de bifurcación donde sólo hay dos salidas: destruirse y formar un nuevo sistema, o bien, transformarse en un sistema mayor. Esto apunta la segunda Ley de la Termodinámica.

En nuestras realidades también sucede de esta forma, cuando las crisis llegan, es porque ese sistema no da para más, y nos está invitando a una transformación, ya sea en algo nuevo o en algo mayor. Viéndolo desde esa óptica, las crisis se convierten en oportunidades de cambio que nos abren puertas, nos muestran que algo se está agotando y que algo nuevo está brotando, pero comúnmente nos enfocamos en el caos, nos quedamos sumidos en el dolor, la angustia o la tristeza, lo que hace que no logremos ver todo lo que viene.

Cuando los planes que estructuramos no salen como queremos, cuando las expectativas proyectadas no se cumplen, cuando aquello que creo tener bajo control se sale de este, muchas veces es un impulso para hacernos ver que todo en este Universo es in-permanente, está en constante cambio, y resistirse a estos cambios provoca que el desequilibrio se acumule y aparezcan las crisis.

Cada crisis nos está invitando a innovar, a evolucionar, a ejercer la virtud de la creatividad en la vida, con el fin de promover las habilidades de cambio y de adaptación, o aparece para empujarnos al inevitable sentido de evolución y transformación de los sistemas. Resistirse al cambio es tanto como resistirse a la vida, y cuando lo hacemos aparece el estrés, la presión y las enfermedades.

¿Qué implica cambiar? Necesariamente estamos apuntando a “soltar-transformar” algo, tal vez una idea, una relación, un estado de ánimo, un trabajo, una conducta, etc., y en su lugar darle paso a la creación de algo nuevo. Para algunas personas se tornará un proceso más complejo que para otras, pero en todas implicará un momento de crisis que hay que atravesar …” nuestra psique funciona por medio de significados y una crisis que da significado a nuestra vida será algo que deje huella suficiente para dar el gran paso del cambio. Algo que no es significativo difícilmente perdura. Por lo tanto, las crisis vienen de manera benéfica para los que deseamos cambiar algo o mejorar aspectos de nuestra vida.”

No hay cambio que no genere resistencia, es nuestro estado natural de mantener la energía e invertir el mínimo esfuerzo, si elegimos las mismas cosas, si nos quedamos en los mismos lugares, si mantenemos las mismas actitudes, pues los resultados van a ser los mismos, sin incomodidad no hay cambio, y sin cambio no hay resultados distintos. Decía Eintein “Locura es hacer la misma cosa una y otra vez, esperando resultados diferentes”, así que no vayas por los caminos conocidos, porque llegarás a los mismos destinos.

Acepta la crisis, pierde ese control que crees tener, genera cambios y todas las células del cuerpo se pondrán de tu lado. Te comparto una hermosa oración que puedes utilizar en los momentos en que la vida te esté invitando a generar un cambio:

“Acepto los cambios con mi corazón agradecido, aunque en el momento no entienda las bendiciones que encierran. Bendita sea la crisis que me quita la venda de los ojos. Bendita sea la crisis que me invita a ser mejor.”